Enigmas históricos sin resolver
Piezas que no encajan
En otros artículos ya
hemos visto que los últimos descubrimientos han retrasado en
miles de años la invención de la escritura y la construcción
de grandes monumentos (¿tal vez de la Esfinge?). Pues bien,
también tenemos que remontar milenios atrás la invención de la
cerámica, y en el sitio más inesperado: el Japón.
Nuevamente, recientes hallazgos arqueológicos desautorizan la
percepción que se tenía sobre el origen de la civilización: la
cerámica no habría nacido en Jericó o en Catal Hüyük hace
ocho o nueve mil años, como se creía hasta recientemente, sino
hace al menos 12.500 años en el Extremo Oriente.
La cerámica de estilo Jomon (que en japonés significa
"patrón cordado") ha sido datada ¡hacia el 10500 aC.!
Es decir, a grandes rasgos, serían algo anteriores a la cultura
natufiense de Palestina. Se afirma que los natufienses
recolectaban el trigo y la cebada salvajes con instrumentos de
piedra, y que vivían en pequeños poblados con grandes
cementerios; sin embargo, tardarían aún varios milenios en
utilizar la cerámica.
Se piensa que como sus contemporáneos del Creciente Fértil, los
habitantes del Japón eran plenamente mesolíticos. La mayor
parte de evidencias indican (de momento) que vivieron de la caza,
de la pesca y de la recolección al menos hasta el 400 aC.
Y decimos "de momento", porque existen pruebas de que
durante el período llamado "Jomon temprano" (4000-3000
aC.) en Japón se cultivaban judías (Torihama, lago Biwa, Sannai
Maruyama).
En Sannai Maruyama, en 1992, se encontró un emplazamiento de 35
hectáreas de extensión ocupado entre el 5000 y el 3000 aC., con
al menos 100 estructuras construidas a base de postes,
presumiblemente para ¡almacenar comida! Mal se puede entender
que una sociedad cazadora-recolectora almacene los ciervos o los
tubérculos salvajes en recintos así. Muy posiblemente, ésta
podría haber sido una sociedad agrícola, al contrario de lo que
se pensaba hasta hoy día. La población Jomon viviría en grupos
de familias extendidas, posiblemente de carácter matriarcal.
De todos modos, no olvidemos que Japón (sobre todo en su mitad
Sur) es extremadamente feraz. Tal vez a los habitantes del país
les resultaba más fácil y cómodo suplirse con lo que la
Naturaleza les ofrece generosamente, puesto que la agricultura,
en sus primeros estadios, no supuso una mejora de las condiciones
de vida de la población, sino todo lo contrario.
Ello supone que la cerámica no tiene por qué ser indicativa de
una forma de vida sedentaria o agrícola, y que es posible
concebir una sociedad cazadora-recolectora que almacene o cocine
sus alimentos por medio de recipientes cerámicos. Claro está,
el sur del Japón (área donde se han encontrado la mayor parte
de estos primeros hallazgos cerámicos) se caracteriza por la
exuberancia de su Naturaleza, lo cual podría traducirse en una
importante y regular fuente de recursos alimenticios. Se sabe que
los Jomon sabían administrar sabiamente sus recursos, de forma
sostenible. De ahí que sea posible hablar de una primitiva era
de "abundancia" (¿el "Paraíso perdido" tan
añorado?).
(Claro está, ello supondría un control demográfico muy
riguroso para evitar la sobreexplotación del ecosistema, del que
una economía recolectora depende tan estrechamente.)
Pero hay más: la cerámica muestra que tanto en Europa como en
Japón se veneraba una "Diosa Madre". Y lo que es más
importante, su representación es extremadamente similar. Ello
parecería confirmar que desde el Japón hasta Europa existía un
mismo cuerpo de creencias, que posiblemente se expresaría no sólo
en su ideario simbólico, sino también en su lengua, como
tendremos ocasión de comprobar en otro artículo de esta serie.
¿Pero qué gentes serían los responsables de la temprana
invención de la cerámica en el Japón?. Se piensa que la
población que desarrolló la cultura Jomon estaría compuesta
por los antepasados de los actuales "ainu" (también
llamados "ezo").
Los ainu se caracterizan por su pelo abundante y, en el caso de
los hombres, por portar largas y pobladas barbas. Son más altos
y disponen de más masa muscular que los asiáticos (más gráciles
y pequeños). Su aspecto exterior recuerda al de los rusos, más
que al de los japoneses. Algunos de ellos tienen los ojos verdes
(claramente caucasoides), no marrones como la mayor parte de los
asiáticos.
Algunos indicios parecen señalar que los ainu podrían haber
recibido la influencia de una primitiva cultura austronesia: las
similitudes entre la primitiva religión japonesa (Shinto) y las
mitologías de Indonesia y de Nueva Zelanda, así como otras
coincidencias en la arquitectura y en las costumbres en materia
de matrimonio, parecen apuntar en este sentido.
Se pueden aducir varios ejemplos que avalarían esta tesis: 1)
como los habitantes de Kalimantan (Borneo), los ainu creen en la
existencia de espíritus de la Naturaleza (llamados
"antoh" entre los dayak de Borneo, "kamuy"
entre los ainu, y "kami" entre los japoneses) que
residen en los árboles, las rocas y otros fenómenos naturales;
2) en Japón, como en el Sudeste de Asia, se hacía uso de la
cerbatana; 3) se ha encontrado cerámica japonesa del estilo
Jomon temprano en zonas de influencia austronesia tan alejadas
como Vanuatu y Nueva Irlanda (Melanesia); 4) los lingüistas
parecen estar de acuerdo en la idea de un contacto temprano entre
la primitiva lengua japonesa y una lengua austronesia.
Por lo que se refiere a las homologías entre el japonés y las
diversas lenguas austronésicas, no son pocos los lingüistas que
consideran que el japonés es un híbrido de una lengua altaica y
de una lengua austronesia. De esta última habría obtenido un
numeroso vocabulario: Alexander Vovin ha sugerido que la lengua
ainu pertenece a la familia lingüística austronésica, que
incluye el polinesio, el thai, el mon-khmer, y otras lenguas del
Sudeste de Asia y de las islas del Pacífico.
En definitiva, creemos haber demostrado que los conceptos
tradicionales de la paleohistoria han de ser revisados a fondo, y
que los orígenes de la civilización no son tan claros como se
pensaba. Todo parece indicar que habría que hacer retroceder
varios miles de años atrás algunos hitos de su nacimiento (la
escritura, la cerámica y la construcción monumental). Y lo que
es más significativo: su cuna habría que buscarla muy lejos;
quizàs en el Extremo Oriente.