Enigmas históricos sin resolver
¿Quiénes eran los pelasgos?
En este artículo
intentaremos demostrar con las evidencias de las que disponemos
una tesis que muchos considerarán cuanto menos aventurada: el
parentesco cultural, lingüístico y hasta étnico entre los
hebreos, los pelasgos (pueblos preindoeuropeos) y los íberos
históricos.
Comenzaremos con la similitud entre los términos IBAR y EBER.
Como es sabido a partir de artículos anteriores, IBAR es un término
vasco que originalmente significaría "río" y que
actualmente equivale a "valle". EBER estaría
relacionado con la raíz hebrea "ABAR", es decir,
"cruzar" (o "pasar por encima"). Esta raíz
es empleada en numerosas ocasiones en la Biblia, pero
principalmente en su acepción "cruzar un río o un
mar".
Creemos que esta coincidencia deja patente que el IBAR vasco y el
EBER hebreo estarían emparentados etimológicamente. A.
Cherpillod, en su obra "Dictionnaire Etymologique des Noms Géographiques",
llega aún más lejos: según éste, el hecho de que "árabe"
posea las consonantes 'RB, mientras que "abar" se
escribe 'BR, puede ser algo más que una casualidad. Es decir,
sugiere implícitamente que tras esta inversión consonántica se
puede esconder una misma raíz etimológica: ¿de nuevo ABAR?
Una prueba de ello la tenemos en el nombre de los tres hijos de
Taré: Abram, Nahor y Haran. Nótese que estos dos últimos
tienen una connotación similar a la de ABAR (cruzar un río):
"Nahor" podría derivar del hebreo "nahar" (río),
y "haran" es una palabra hebrea equivalente a
"cruce". Pero curiosamente, "haran" (como
"ibar") es también una palabra vasca que significa
"valle".
Da la impresión de que el hebreo bíblico es proclive a hacer
juegos de palabras. Así, la palabra "abar" no
significa sólo "cruzar", sino también
"impregnar". Impregnar, literalmente, equivale a
introducir fluidos de un cuerpo en otro; pero también
"empapar", mojar una superficie porosa hasta que no
admita más líquido.
(Una prueba de la posible asociación entre la combinación
consonántica BR y el agua la encontramos en la palabra céltica
"wobre" [arroyo], que en español derivó en
"vera" [orilla]. Asimismo, nótese el vasco
"bera" [remojar].)
Volvemos a encontrar la alusión al elemento líquido: ¿sería
descabellado pensar que ABAR, es decir, "cruzar las
aguas", podría hacer referencia a algo así como la
"purificación por las aguas", o al "comienzo de
una vida nueva"? Como es bien sabido, eso es lo que
simbolizaría el rito del Bautismo en algunas religiones de
origen oriental (entre las cuales encontramos el Cristianismo).
Recordemos que en la India los fieles se sumergen en las aguas
del Ganges para "purificarse". ¿Sería el rito de la
"purificación por las aguas" una reliquia de nuestro
pasado ancestral?
Volviendo al análisis del patronímico EBER, aunque los hebreos
eran conocidos como IBRI (literalmente "emigrantes", y
de ahí el IBRAHIM árabe: literalmente "Los que
pasan"), estamos convencido de que la raíz EBER es
posterior a la raíz IBAR. La prueba la tenemos en la mitología
irlandesa: el IBATH (¿IBAR?) patriarcal, nieto de Jafet, precede
a EBER (¿el EBEH sumerio?), que con el nombre EBER SCOT lo
encontramos en Escitia, patria ancestral de los celtas.
Otro ejemplo de la acepción "cruzar, pasar por encima"
(de un río), sería el alemán OBER, y el inglés OVER
("encima"). Ambos están relacionados, posiblemente,
con la primera persona del tiempo presente del verbo hebreo ABAR:
es decir, OBER (literalmente "Yo cruzo"). Una
reminiscencia de esta raíz indoeuropea la podemos encontrar en
la antigua región del Epiro (en el norte de Grecia).
"Epiro" derivaría del indoeuropeo *apero, que
significa "ribera, orilla" (de río).
Ahora repasemos el patronímico FALEG (FALEC según Josefo; PELEG
en la versión inglesa), del que parte el linaje de Abraham. Según
Josefo, FALEG significa "división", porque en tiempos
de éste las naciones se dirigieron hacia sus distintas tierras
de asentamiento. Este patriarca bíblico ha comenzado a ser
considerado, modernamente, el patronímico de un pueblo prehelénico
olvidado, pero de relevante significación histórica: el pueblo
PELASGO, raza de grandes navegantes.
Una rama de los pelasgos viviría originalmente en el área de
los Balcanes situada entre el río Hebrus (o Íberus) y el Estrimón.
Sería desplazada por los tracios, que hacia el siglo XIV aC.
ocuparon dicho territorio, al que dieron el nombre por el que es
más conocido: Tracia (moderna Bulgaria). Los pelasgos de los
Balcanes, consecuentemente, se dirigieron al Sur y se helenizaron
(en aquel momento, en el sur de Grecia, florecía la civilización
micénica).
La existencia histórica de dicho pueblo prehelénico está
atestiguada por un fragmento geográfico babilónico (véase la
"International Standard Biblical Encyclopedia") en el
que aparece literalmente: "Pulukku sha ebirti". Ello
podría significar "Pulukku, de Eber", o literalmente,
"Pulukku del cruce". ¿De qué "cruce"? Del río
Hebrus, posiblemente. (Aquí volvemos a encontrar una tautología,
puesto que en hebreo "peleg" significa literalmente río,
y "pereq" cruce. Así tendríamos: Cruce [Pereq] del
cruce [Eber]. Nótese: Valle [Valle] del valle [Arán].)
De los pelasgos derivarían topónimos tales como Knossos (véase,
en el capítulo anterior, el lugar donde se habla de Tartessos) o
Tirinos. Se piensa que su lengua sería hablada asimismo en
Anatolia, en la Creta minoica, y entre los filisteos (es decir,
en todo el Mediterráneo Oriental).
En la obra de Homero, que vivió varios siglos después de su
absorción por los aqueos (la cultura micénica), existen escasas
referencias de los pelasgos. Para este poeta, sería un pueblo de
Eubea (Cime) aliado con los troyanos (Iliada, X, 429). En otro
pasaje se señala que también habitaban en Creta (Odisea, XIX,
177). Y finalmente, se los sitúa en Tesalia y en el Epiro
(Iliada, II, 840), así como en Beocia, Ática y el Peloponeso
(Iliada, XVII, 288). Así pues, tenemos referencias de que los
pelasgos residían en prácticamente todo el territorio griego
(insular y peninsular).
Pero existe la posibilidad de que los palestinos (los PALESHET bíblicos,
más conocidos como "filisteos") fueran asimismo un
pueblo pelásgico, emparentado con los cretenses, y con origen en
Anatolia.
Según la Tabla de las Naciones (capítulo 10 del Génesis), los
filisteos salieron de Caftor. De acuerdo con la traducción
griega de la Biblia, Caftor sería Capadocia, situada en
Anatolia. Por otro lado, según el Ethnika (recopilación de topónimos
romanos y griegos, del siglo VI dC.), la ciudad filistea de Gaza
era asimismo llamada Minoa. Si repasamos la historia antigua,
veremos que la cultura minoica tuvo un origen remoto en Anatolia:
colonizadores de esta península se desplazarían a Creta hacia
el III milenio aC. y se mezclarían con la población autóctona,
desarrollando esa brillante civilización. Posteriormente, otra
rama de este pueblo se podría haber desplazado a Canaán,
constituyendo el pueblo filisteo, tal como afirma la Biblia
(Deuteronomio 2:23):
"Del mismo modo a los heveos, que habitaban en Haserim,
hasta Gaza, los expelieron los kaftoritas que, salidos de la
Kaftor, acabaron con ellos y habitaron en su lugar".
Herodoto, por su parte, dice de los pelasgos que de ellos
recibieron los griegos (aqueos) sus dioses olímpicos:
"Desde aquella época [los pelasgos] hacían sacrificios
empleando las designaciones de los dioses, y de los pelasgos las
recibieron luego los griegos" (Herodoto, libro segundo, párrafo
52). (Es sabido que tras la guerra de Troya los dorios,
posiblemente griegos del Norte o del Egeo, invadieron el
Peloponeso, corazón del territorio aqueo-micénico. Tal cosa
sucedería hacia el 1120 aC.)
Así pues: ¿existiría una relación de parentesco entre el
pueblo pelasgo y el pueblo hebreo? Y si es así, ¿qué pruebas
tenemos de ello? La respuesta a la primera pregunta es, desde
nuestro punto de vista, afirmativa. Y para responder la segunda
pregunta, de nuevo deberemos hacer uso de la Biblia.
En ésta se dice: "El que había exiliado a tanta gente de
la patria [Jasón], murió en tierra extranjera, en el país de
los espartanos [Lacedemonia, en el Peloponeso], donde se había
dirigido con la idea de encontrar un refugio gracias al origen
común" (II Macabeos 5:9).
Flavio Josefo, en sus "Antigüedades de los judíos"
(libro XII, capítulo IV, párrafo 10), da fe de la siguiente
carta (de Areo, rey de los lacedemonios, a Onías, pontífice):
"Casualmente hemos encontrado un escrito, en el cual se
afirma que los judíos y los lacedemonios son de la misma raza,
de la familia de Abram..."
¿A qué lacedemonios se refiere el rey Areo? Sin duda, a sus
antepasados pelasgos que residían en el Peloponeso antes de la
llegada de los aqueos (griegos). De algún modo, dicho rey habría
sabido que tanto hebreos como pelasgos eran descendientes de un
mismo patriarca: Faleg, hijo de Eber.
Así pues, creemos que ha quedado demostrado que los hebreos
estarían emparentados con los pueblos prehelénicos que residían
en el Mediterráneo Oriental; y tal vez incluso con sus
archienemigos filisteos. Pero, ¿de qué forma se puede demostrar
un vínculo similar entre los hebreos y los íberos del extremo
occidental de Europa?
Recordemos que, en la Península Ibérica, como en el Mediterráneo
Oriental, abundan los topónimos IBAR: río Ebro (ÍBERUS),
Cantabria (CANT+IBRI)... Se podría pensar que el río Tíber (en
Italia) o Siberia (en las estepas euroasiáticas) podrían haber
compartido dicha raíz: T-ÍBER, y S-IBERIA, respectivamente.
(¿Podría ser Siberia una corrupción del topónimo japonés
Suibara, o del indonesio Siberut? Si bien Siberia puede derivar
del pueblo tártaro de los sibir. Por otro lado, Cantabria se
podría componer de la partícula celta "cantos"
[brillante] y de "beria" [del céltico
"wobre", arroyo, de donde el español
"vera"]; nótese la raíz del topónimo Cambridge:
Canta-brigium. Por último, el río Tíber podría derivar del
rey Tiberinus, puesto que originalmente era llamado Albula.)
Y por supuesto, no podemos olvidar que topónimos de las islas
británicas, tales como H-IBERNIA, o H-ÉBRIDAS, podrían tener
el mismo origen. (Según A. Cherpillod, HIBERNIA proviene del
celta IVERIU, como vemos, afin a la raíz IBAR.)
Según Donald A. Mackenzie, en su obra "Ancient Man in
Britain", el pueblo que habita las islas Hébridas, así
como los silures de Gales, derivarían de antiguos prospectores
de minas, tal vez de origen ibérico. De hecho, en Gran Bretaña
es común afirmar que esta población, con características
mediterráneas (baja estatura y tez oscura), sería descendiente
de tripulaciones naufragadas en la zona tras el desastre de la
Armada Invencible. Y hay quien dice que formaría parte de las
llamadas "diez tribus perdidas de Israel".
En cambio, la mitología céltica señala que dicha población
provendría de los FIR BOLG (véase más abajo) que ocuparon la
zona en tiempos prehistóricos. ¿Qué pruebas tenemos del origen
común de pueblos tan alejados entre sí como los habitantes de
las islas Hébridas, los íberos de España y Portugal, los
hebreos, o los íberos del Cáucaso?
La primera prueba de "parentesco" la encontramos en la
misma raíz hebrea IBRI (o EBER), tan similar al IBAR vascuence.
Ello indicaría que los íberos, como el resto de los habitantes
del Mare Nostrum, podrían haber hablado una misma lengua: la
lengua pelasga, que tal vez los mismos hebreos emplearían antes
de su instalación en Sumeria, o bien antes de su llegada a Canaán
(hacia el siglo XII aC.)
Tal como afirma D.A. Mackenzie, en su obra "Crete and
Prehellenic Myths and Legends": "Oleadas periódicas de
población, dirigiéndose hacia el Oeste y hacia el Este,
entraron en Europa a través del Estrecho de Gibraltar, así como
en Palestina y Asia Menor por la ruta costera. Con el tiempo
ocuparon la Europa Meridional, Central y Occidental, entrando en
las Islas Británicas. Probablemente llegaron a Irlanda a través
de Escocia... Las tumbas neolíticas en Europa y África están
construidas de forma parecida, y la gran mayoría de los
esqueletos que contienen son remarcables por su uniformidad tipológica".
Esta cita parece sustentar la hipótesis de la existencia de un
mismo entorno cultural, antes de la llegada de los indoeuropeos,
en la zona mediterránea y atlántica. Toda esta área
posiblemente hablaría una única lengua (¿pelasga?). Pero, ¿de
dónde provendría tal flujo de población neolítica?
Jorge Alonso, en su artículo "Nuestros oscuros orígenes"
(en "Selecciones de Misterios de la Arqueología", número
3) hace una propuesta sugerente: diferentes pueblos mediterráneos
(entre los que encontraríamos a íberos, etruscos y sardos)
provendrían de un Sáhara inusitadamente fértil hace 10.000 años
(coincidiendo con el llamado "óptimo holocénico": véase
más arriba). Cuando esta inmensa llanura empezó su desecación
inexorable, la citada población neolítica (que hacía uso de la
cerámica desde tiempos remotísimos) cruzó el estrecho de
Gibraltar y pobló la franja mediterránea y atlántica de
Europa, dando inicio a la cultura megalítica. Según el autor,
la evidencia genética (estudio realizado en 1996 por Antonio
Arnaiz) avalaría dicha hipótesis: vascos, madrileños, sardos,
toscanos (la Toscana es el epicentro del país etrusco) y
modernos bereberes argelinos estarían emparentados.
Así, es posible que los íberos, así como otros pueblos del
entorno mediterráneo y atlántico, estén emparentados con los
hebreos. Tal vez ello explicaría que, tal como explica D.A.
Mackenzie ("Ancient Man in Britain"), los habitantes de
las islas Hébridas hayan conservado desde tiempos ancentrales un
tabú contra el consumo de la carne de cerdo.
Pero la prueba más concluyente de la relación remota entre íberos,
pelasgos y hebreos hay que buscarla en la verde Eire. El Lebor
Gabala Erren (Libro de las invasiones de Irlanda) habla de cinco
ocupaciones de esta tierra desde la más remota antigüedad: la
primera es atribuida a PARTHOLON, hijo de SERA, y sería
destruida por una plaga; la segunda al pueblo de NEMED, que tras
ser subyugado por los malvados FOMORIANOS abandona Irlanda; la
tercera a los FIR BOLG, descendientes de SEMION; la cuarta a los
TUATHA DE DANANN, que provienen de unas islas griegas (su capital
era TARA); y la quinta a los MIL SPANIAE, entre los que tenemos a
EBER FINN y a ARANON.
En definitiva, nótese la presencia de los siguientes patronímicos
o toponímicos: SERA, SEMION, EBER, TARA y ARANON, homófonos con
SARA, SEM, HÉBER, TARÉ y ARÁN, respectivamente, en la versión
de Josefo. Como resulta evidente, todos son del linaje de SEM.
Todo hace pensar que las tres primeras invasiones provenían de
la Península Ibérica, y no fueron protagonizadas por
indoeuropeos, sino por semitas. Una prueba de ello es que los
celtas (raza nórdica) llamaban a los ibéricos de Irlanda (de
menor estatura, con cabello y ojos oscuros, y cráneo alargado)
"pueblo de la noche" (ellos, por supuesto, se
consideraban a sí mismos los "hijos de la luz"),
descripción que se aproximaría a la de un pueblo semita.
Sorprendentemente, tanto la evidencia arqueológica como lingüística
respalda, con bastante fidelidad, esta narración mítica. Si
repasamos la prehistoria de las islas británicas, comprobaremos
cómo éstas fueron habitadas por una población neolítica desde
el 4500 aC. (el relato mítico afirma que los PARTHOLON fueron
los primeros agricultores y ganaderos). Poco más tarde empezaron
a aparecer los megalitos: túmulos alargados como los existentes
en el sur de la Península Ibérica.
Sin embargo, hacia el 3000 aC., la tierra se despobló (¿la
plaga después del período de los PARTHOLON: véase más
arriba). Varios siglos después una nueva población (¿los FIR
BOLG?) ocupó Gran Bretaña. Los túmulos alargados de antaño
fueron sustituidos por túmulos redondos. Nos encontramos en el
inicio de la difusión de la Cultura del Vaso Campaniforme,
posiblemente con origen en la Península Ibérica (si bien D.A.
Mackenzie afirma que la población que introdujo los túmulos
redondos en Gran Bretaña tenía unas características raciales
armenoides, no ibéricas).
La referencia a las Islas del Sur del Mundo (lugar de partida de
los TUATHA DE DANANN) hace pensar en las islas del Egeo. ¿A qué
pueblo podría referirse en realidad el Lebor Gabala Erren?
Creemos que éste sería el DODANIM bíblico: en la Biblia (Génesis
10:4) es identificado con "los de Rodas"; por eso deberíamos
leer RODANIM en lugar de DODANIM. ¿Podría ser una población de
la isla egea de Rodas la que ocuparía Irlanda tras derrotar a
los FIR BOLG? ¿Y si es así, cuándo habría sucedido?
Existe una interpretación que identifica a los DANANN con los
aqueos. Según ésta, una partida de los llamados "pueblos
del mar" alcanzaría las islas británicas en algún momento
del siglo XII aC. No en vano, en el templo egipcio de Medinet
Habu observamos las imágenes de unos guerreros que lucían
cascos con cuernos, como los que habitualmente usaban los celtas.
Dichas imágenes representan la derrota de los "pueblos del
mar" a manos de las tropas del faraón egipcio Ramsés III.
Finalmente, la invasión celta de Irlanda desde la Península Ibérica
(la quinta invasión de la que habla el Lebor Gabala Erren), ya
en plena Edad del Hierro, es perfectamente posible: algunas
tradiciones y ritos son casi idénticos en Irlanda y Galicia. Por
ejemplo, en esta región del Norte de España se piensa que, por
la noche, por las calles moran las almas de los muertos: "a
estadea"; en Irlanda tenemos "ann eistedd" (la
reunión de los muertos). En Galicia existe la tradición de
Breogán, y en Irlanda la de Bregon... Y finalmente, en Galicia
existen numerosas localidades con la partícula MIL (guerrero;
aunque según otros podría significar asimismo
"grande"): Ardemil, Belmil, Antemil... Galicia: ¿Cuna
de los MIL SPANIAE?
Así pues, observamos que cada una de las invasiones que aparecen
en el Lebor Gabala Erren parece tener una correspondencia histórica
(si no demostrable, sí perfectamente posible). Pero hay más: la
comparación entre la lengua vasca y la céltica hace pensar que
si algún idioma tiene homologías claras con el vasco (aparte
del aquitano del sudoeste de Francia), éste el el céltico de la
fachada atlántica europea.
¿Qué conclusiones podemos extraer de la lectura del Lebor
Gabala Erren?:
La primera, hasta qué punto la mitología puede ajustarse a los
hechos históricos, una vez que éstos se consideran con
suficiente detalle y cuidado. El despoblamiento súbito de las
islas británicas tras la primera generación de agricultores y
campesinos neolíticos (hacia el 3000 aC.), podría ser una
prueba de que la plaga que devastó a la población Partholon sería
algo más que una fábula.
La segunda, que la mitología céltica de las islas británicas
vuelve a repetir los patronímicos que tendrían connotaciones
semitas: SEMION, SERA, IBATH-EBER, TARA, ARANON...
La tercera, que debió existir un contacto real entre pueblos
provenientes de la Península Ibérica, y los que habitaban las
islas británicas antes de la llegada de los celtas.
Por último, y como conclusión más importante, los celtas
irlandeses hacen descender a su pueblo de IBATH y de EBER, dos
versiones (la primera más antigua que la segunda) de un mismo
linaje. Y creemos que esta tradición no sería céltica, sino ibérica.
Ello evidenciaría el parentesco de los íberos de Irlanda (así
como los de la Península Ibérica) con los pelasgos y hebreos,
las otras ramas de la gran familia eberita.
En ese caso, EBER sería el antecesor común de los pueblos de la
fachada mediterránea y atlántica del continente europeo. ¿Estaríamos
hablando de una cultura pelásgica euroasiática (la impulsora
del megalitismo en esta área)? La hipótesis es algo más que
atractiva: es verosímil.