Enigmas históricos sin resolver

Un papel no tan claro

En este artículo pretendemos demostrar que la versión oficial acerca del origen de la civilización en América se contradice, no sólo con los resultados de la mitología comparada, sino también con el estudio comparativo de las costumbres y de los modos de vida de los pueblos de ambos lados del Pacífico. ¿Por qué nos referimos a este último océano, y no a otro? Porque la mayor parte de las evidencias apuntan a una relación de parentesco (posiblemente muy lejano) de América con los pueblos del Sudeste Asiático.
Para demostrar esta aseveración efectuaremos un repaso de cuatro "marcadores culturales" que caracterizan tanto a los pueblos mesoamericanos como a los habitantes del este del continente asiático: el papel, la cerbatana, el juego conocido como "parchís", y el motivo mitológico denominado "el conejo en la Luna".
La "sabiduría convencional" establece que el papel fue inventado en el año 105 de nuestra era por un cortesano chino llamado T'sai Lun. Al descubrir trozos de trapos podridos y de corteza de árbol flotando en el agua, los recogió, los secó, y escribió sobre ellos. Posteriormente creó una pulpa remojada a base de trapos, cáñamo, corteza de morera y redes de pescador, la extendió sobre un tamiz, la secó, y la superficie lisa resultante resultó ser el papel. Éste sería "oficialmente" el origen de este útil invento. Pero en realidad, el papel se usaba ya en China desde antiguo (según se dice, dos siglos antes de su supuesto descubrimiento por el observador cortesano chino), sustituyendo a las dos superficies de escritura tradicionales: la madera y la seda.
Ahora se sabe que los chinos no fueron los primeros en inventar el papel: en las islas Célebes de Indonesia se han encontrado utensilios para su fabricación, y restos de paño y de papel realizados a base de corteza de árbol, con una antigüedad de 4.000 años. En México el papel está datado hacia el 1000 aC.
Pero eso no es lo más importante. El antropólogo Paul Tolstoy ha revelado, con su estudio comparativo del proceso de fabricación del papel en las islas Célebes y en el antiguo México, que no sólo el procedimiento, sino también los utensilios, tienen abundantes correspondencias: de las 119 características de la fabricación del papel, ambos entornos culturales comparten 92. Es más, de las 59 tradiciones (de diferentes sociedades) que él estudió, sólo las de Célebes y México tienen coincidencias significativas.
Expondremos varios ejemplos: en ambos lugares los fabricantes de papel hierven la corteza en una mezcla alcalina de agua y de cenizas de madera; ambas culturas utilizan, para el batido, unas raquetas de piedra (atravesadas por unos surcos) con mangos flexibles; asimismo, emplean unos tableros especiales idénticos para batir la corteza, etc.
Como ya hemos dicho, otra coincidencia significativa entre el entorno cultural indonesio y el amerindio es el uso de la cerbatana. Y en ambos lados del Pacífico su diseño es tan similar, que esta circunstancia no parece en absoluto fruto del azar. Un geógrafo llamado Stephen C. Jett ha estudiado cientos de informes elaborados por exploradores y antropólogos, en relación a este silencioso instrumento de muerte. El citado estudioso averiguó que de 59 características fundamentales que definen su construcción, un 86 por ciento son comunes en Indonesia y Sudamérica. Entre ellas: mirillas para dirigir certeramente el disparo; motivos decorativos, boquillas para encauzar el aire, venenos provenientes de la savia de ciertos árboles, etc.
El parchís deriva del juego de la India llamado "pachisi", jugado por cuatro jugadores en un tablero con forma de cruz. Para ello se empleaban dados o conchas, con el fin de determinar cada movimiento. En Birmania, donde también era jugado, llegó a tener un carácter religioso. Lo mismo sucedió en México con el juego conocido como "patolli". Éste, como en la India, consistía en un tablero en forma de cruz. Los participantes utilizaban alubias marcadas a modo de dados para determinar el progreso de seis marcadores coloreados por las casillas del tablero. Entre los aztecas era común hacer fuertes apuestas (joyas, tierras, casas, los hijos y hasta la propia libertad) como expresión de su fe. El resultado del juego, como entre los primitivos hebreos (que hacían uso de unas piezas de adivinación llamadas "umim y tummim"), expresaba el estado de gracia o de desfavor del jugador ante los dioses. El ganador se aseguraba la firme convicción de una vida de prosperidad futura; el perdedor estaba abocado a la desesperación, e incluso a la muerte.
Por último el motivo de "El conejo en la Luna" es asimismo común en el Nuevo y en el Viejo Mundo. En ambas orillas del Pacífico (tanto en la China y en la India, como entre los mayas y los aztecas) se ve en las manchas de nuestro satélite la figura de un conejo; si se considera con atención, no hay nada más arbitrario que esta creencia. Y no sólo esto, en ambas tradiciones culturales el conejo está asociado a las bebidas intoxicadoras y a las drogas: en China existen imágenes en las que aparecen liebres moliendo setas empleadas como drogas ceremoniales; en India, el dios de la Luna (Soma) era el patrón de los licores y de las drogas; entre los aztecas, la diosa de la Luna (Mayauel) era la patrona de los beodos y, significativamente, presidía sobre el día Tochtli (conejo), el octavo día del mes azteca.
En definitiva, una vez más todo apunta a la existencia de contactos entre ambos lados del Pacífico. Y dada la gran antigüedad de rasgos culturales amerindios tales como la cerbatana (más de 6.000 años), dichos contactos debieron ser extremadamente lejanos en el tiempo. La "sabiduría convencional" dista mucho de poder resolver este problema histórico.



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