Enigmas históricos sin resolver
La Antártida: ¿un puente de tierra para el poblamiento de América?
Uno de los mayores enigmas
de la moderna arqueología es: ¿cómo fue poblada América? Es
prácticamente un dogma afirmar que este continente fue
colonizado por varias hordas de asiáticos que, en un tiempo
indeterminado (¿hace 15.000, 30.000 o 45.000 años?), cruzaron
el paso de Beringia (el actual estrecho de Bering).
Sin embargo, los restos arqueológicos no parecen respaldar dicha
hipótesis:
1) Se han encontrado muy pocos restos materiales en Alaska y
Yukon, y los que existen están datados entre el 15.000 aP. y el
12.000 aP. Existen pruebas de que esta tecnología tiene origen
en Siberia hace 30.000 años.
2) En el resto de Norteamérica los restos más antiguos varían
entre el 12.000 aP. (Florida) y el 16.000 aP. (Pennsylvania).
3) La cultura lítica más característicamente norteamericana es
la llamada "cultura Clovis", datada hacia el 11.500 aC.
¿Cómo es posible, entonces, que los restos arqueológicos más
antiguos de América no se encuentren en Norteamérica, sino en
Sudamérica?:
1) En Monte Verde (Patagonia chilena) se ha encontrado restos fósiles
carbonizados, al lado de instrumentos líticos, con más de
33.000 años de antigüedad.
2) En Pedra Furada (nordesde de Brasil) se ha encontrado otro
hogar, rodeado de instrumentos de piedra y de pinturas rupestres,
con más de 32.000 años de antigüedad.
Esta discrepancia (que las dataciones en Sudamérica sean más
antiguas que las efectuadas en Norteamérica) no se puede achacar
a la mera "coindidencia": es decir, que se hayan
encontrado "por casualidad" más yacimientos en Sudamérica
que en Norteamérica, puesto que es esta última zona, y no la
primera, la que ha sido más intensamente estudiada.
Por otro lado, para que los modernos amerindios hubiesen llegado
a Brasil hace 32.000 años desde Beringia: 1) deberían haber
atravesado toda Norteamérica sin dejar rastro de su paso, y 2)
deberían haber partido de allí hace al menos 40 ó 45.000 años.
Y se sabe que en esa época Siberia aún no estaba habitada.
Así pues, sólo queda una alternativa, por absurda que parezca:
la población amerindia que colonizó Sudamérica hace tal vez
35.000 años provenía no del paso de Bering, sino probablemente
del cabo de Hornos (en el cono sur sudamericano). Y existen
pruebas que pueden respaldar esta hipótesis.
La primera de ellas se fundamenta en los estudios genéticos. La
población amerindia del subcontinente sudamericano se
caracteriza por compartir en su práctica totalidad (es decir, al
100%) el gen 0 del sistema AB0 de los grupos sanguíneos. Ello,
según el ilustre genetista Luigi Cavalli-Sforza, podría deberse
a que América fue colonizada por un número muy reducido de
personas, que en su mayoría compartían este gen. A través del
fenómeno denominado "deriva genética", y tal vez de
la "selección natural" (el gen 0 protege al portador
de contraer la sífilis), el gen 0 se habría impuesto sobre los
genes A y B. En palabras de Cavalli-Sforza:
"Mientras más pequeña sea la población más grande será
la posibilidad de fluctuaciones casuales por parte de las
frecuencias relativas de los genes contenidos en los
espermatozoides y en los óvulos, que formarán la generación
siguiente. Incluso si entre los primeros colonizadores [de América]
había unos cuantos individuos A y B, su eliminación por efecto
casual [de la deriva genética] se podría haber producido en una
de las generaciones siguientes".
Cavalli-Sforza ha calculado que, en base a la distancia genética
entre amerindios y asiáticos orientales, los primeros nativos
americanos llegaron a América hace unos 32.000 años, lo cual se
ajusta a los datos que aporta la arqueología. Pero, una vez
aceptado que el poblamiento de este continente pudo suceder en
unas fechas más tempranas de lo que se suponía, queda por
averiguar: ¿por dónde llegaron estas gentes a América: por el
Norte o por el Sur?
Si observamos un mapa de la distribución del gen 0 en el mundo
(Cavalli-Sforza) comprobaremos que los mayores niveles de este
gen (un 100% de la población) se concentran en dos áreas: 1)
desde el sur de California y norte de México hasta Guatemala; y
2) desde el sur de Venezuela y Colombia hasta el Río de la
Plata. (Nótese que en todo momento nos estamos refiriendo a la
población nativa americana.) En el resto de América, los
porcentajes de frecuencias de genes A y B se incrementan hasta
niveles significativos, con un máximo en Alaska y el noroeste de
Norteamérica (según la hipótesis más aceptada, las áreas
donde arribaron los primeros colonizadores de América).
Por lo que se refiere al resto del mundo, significativamente, las
áreas con mayor presencia del gen 0 (fuera de América) se
localizan en el nordeste de Australia y en el este de Nueva
Guinea (más del 80% de la población aborigen).
(Durante los períodos en los que el mar está más bajo -es
decir, durante una glaciación-, la isla de Nueva Guinea está
unida al continente australiano por una plataforma continental
llamada Sahul. Ello explicaría que los niveles más elevados de
población con gen 0 en dicha área se localicen tanto en Nueva
Guinea como en el Noreste de Australia.)
Según Stephen Oppenheimer ("Eden in the East"), el
estudio de los cráneos prehistóricos demuestra que los primeros
pobladores de América no provenían del Nordeste de Asia (de
Siberia), sino del Sudeste Asiático y del Pacífico Sur. Ello
reafirmaría lo que el estudio del marcador genético del gen RH
parece indicar: su origen en el Sudeste de Asia y en Oceanía,
con tal vez Australia como escala intermedia en tal largo y
atrevido viaje.
La evidencia lingüística respalda el análisis genético:
efectivamente, en América cabe encontrar tres familias lingüísticas:
la amerindia (por toda Sudamérica y en el sur de Norteamérica),
la na-dené (en el norte de Norteamérica y en las áreas
habitadas por apaches y navajos), y la esquimal (en torno al Ártico
y en Alaska). Estas tres familias lingüísticas corresponderían
a tres grupos de población, tal como establece la genética y el
análisis dental, así como la evidencia arqueológica. El orden
de las tres migraciones sería el siguiente: primero los
amerindios (¿hace 35.000 años, por el Antártico?), luego la
población na-dené (¿hace 20.000 años, por Beringia?), y
finalmente los esquimales (¿hace 5.000 años, por el Ártico?).
Esta serie de consideraciones permite establecer la siguiente hipótesis:
después de la colonización de Australia una horda de población
(diferente a la aborigen australiana) se dirigió por vía marítima
más al sur (o hacia el este), con la intención de colonizar
nuevas tierras (¿como era costumbre entre los Polinesios?), o
quizás por accidente. Ello no es del todo descabellado. Sólo
hay que tener en cuenta que, incluso contando con un nivel del
mar 120 metros inferior al actual, para llegar a Australia hay
que atravesar al menos cinco o seis brazos de mar abierto (de
hasta setenta kilómetros de anchura). Y estamos hablando de hace
tal vez 50 ó 60.000 años.
Hace 35.000 años, tal vez una población que partió de esta
zona pretendía dar un salto en mar abierto a otra isla. Tal vez
la corriente marina que baña el este de Australia (que se dirige
hacia el Sur) la condujera hasta latitudes tan meridionales como
la isla de Tasmania (o quien sabe, quizás incluso hasta Nueva
Zelanda). Tal vez, por alguna razón, esas gentes llegaron, de un
modo u otro, al continente antártico, el cual recorrieron (por
tierra o por mar) hasta alcanzar finalmente (con otro salto a
través del mar) las costas del extremo sur de Sudamérica. O tal
vez simplemente fueron arrastrados por la corriente del océano
austral (del Oeste), que los depositó (se supone que tras una
azarosa travesía) en las costas de la Patagonia chilena.
Estamos convencidos de que unas gentes que hace 60.000 años se
las arreglaron para navegar desde las costas del Sudeste Asiático
hasta Australia, hace 35.000 años podían haberse planteado
aventuras incluso más ambiciosas. Y no hay que descartar que
dicha población pudiera haber usado la Antártida como un puente
de tierra para alcanzar América.
¿Es ello posible, teniendo en cuenta el carácter inhóspito del
área antártica? No es descartable: en un período comprendido
entre el 40.000 aP. y el 30.000 aP. se produjo un período de
deshielo denominado por los expertos Plum Point Interstadial. En
ese momento los glaciares polares entraron en retroceso y aumentó
el nivel del mar. Tal vez entonces fuera posible atravesar el océano
antártico (y quizás también el mismo continente austral) con
unas condiciones atmosféricas menos rigurosas.