Enigmas históricos sin resolver
YAHVÉ: ¿UN DIOS
UNIVERSAL?
La Biblia no es un documento aislado en el corpus mitológico
universal. Gran parte de sus mitos, sobre todo los más antiguos
(es decir, los incluidos en el Génesis, y más concretamente, en
sus primeros capítulos), los podemos encontrar en diferentes
tradiciones culturales del mundo. Y no sólo eso: también parte
de sus patrónimos y de sus topónimos. En este artículo
pretendemos demostrar que buena parte de los nombres del Génesis
forman parte de un sustrato mitológico universal.
Comenzaremos con el topónimo "Edén". Éste
significaría en hebreo algo así como "gozo, o
placer". Recordemos que en el mito hebreo, el Jardín del
Edén se caracteriza por la presencia de dos árboles que
otorgan, respectivamente, la sabiduría y la inmortalidad. La
historia es bien conocida: Adán y Eva comen del árbol del
conocimiento del bien y del mal, y son expulsados por Yahvé para
evitar que comieran a su vez del árbol de la vida; éstos tienen
dos hijos, Caín y Abel; el primero mata al segundo (al parecer,
por celos), y Caín es expulsado al país de Nod; finalmente, su
último hijo, Set, establece el linaje a partir del cual proviene
el pueblo hebreo.
Set deriva de la raíz hebrea homónima, que significa
"pecado" (de ahí el nombre "Satán"). Esta
acepción se corresponde con la imagen más corriente del dios
egipcio Set, que como el Satán hebreo (el "ángel
caído"), personificaba lo oscuro y lo maligno.
Según Flavio Josefo ("Antigüedades de los Judíos",
libro I, # 2), la descendencia de Set creó esa especie de
sabiduría relativa a los cuerpos celestes y a su orden, y para
que sus invenciones no se perdieran ante el Diluvio que estaba
por llegar, las gravaron en dos columnas, una de ladrillos, y
otra de piedra, que en sus días se alzaban en la tierra de
Siriad.
¿Existen otras tradiciones análogas con el mito hebreo del
Edén? Sí, especialmente en el entorno indoeuropeo.
En la mitología germánica encontramos referencias a dioses
civilizadores; y significativamente los emplaza en una llanura
llamada Ida (recordemos que en lengua sumeria "eden"
significa literalmente "llanura"):
"En la llanura Ida [¿Edén?] se reunieron los dioses
poderosos;
y [allí] alzaron altares y templos,
fundaron forjas para labrar oro,
dieron forma a tenazas, y crearon utensilios"
(Voluspa: "La profecía de la visionaria")
En la mitología nórdica, griega e india existen palabras
homófonas, aunque con un sentido un tanto diferente:
1) En la mitología nórdica, Idún ("juventud") es la
diosa de la primavera. Guarda el canasto de las manzanas de oro
que otorga la inmortalidad a los que comen de ellas. Éste es el
alimento que mantiene la juventud y el vigor eterno de los dioses
del Asgard nórdico (reino de los dioses).
2) En la mitología griega, el monte Ida es el emplazamiento
donde la ninfa-cabra Amaltea amamantó con su leche al pequeño
Zeus. Nótese que el cuerno de esta cabra es el llamado
"Cuerno de la abundancia" (o Cornucopia), que ofrece en
abundancia lo que se desee.
3) En la mitología india Ida es, por así decirlo, la
"camarera" de los dioses. Hija del héroe Manu (el Noé
indio), su función consiste en servir a los dioses. Ida es
representada como una vaca de la abundancia.
El mismo papel de "camarera de los dioses" es el que
ejerce Hebe (¿Eva?) en la mitología griega. Esta diosa de la
juventud, como la Idún nórdica, otorga el don del eterno
rejuvenecimiento (la vida). No en vano, proporciona la ambrosía
y el néctar (es decir, la comida y la bebida de la inmortalidad)
que consumen los dioses olímpicos, y les sirve en sus banquetes.
Podemos concluir, a partir de lo dicho:
1) Todos estos mitos, vigentes en ámbitos culturales
indoeuropeos, hacen referencia a un concepto universal: la
inmortalidad. Así como a la sustancia que la confiere: el
llamado "elixir de la vida".
2) En todos ellos, es una mujer la que se hace cargo de esta
sustancia: ya sea Ida, Idún o Hebe, todas cumplen el mismo
papel. Ello podría ser indicador de un residuo matriarcal que en
el mito hebreo ha sido masculinizado en la figura predominante de
Adán.
3) Parece evidente que Idún e Ida son "homófonos" con
el "Edén" bíblico, así como "Hebe" es
homófona con "Eva" (que derivaría del hebreo
"hawwa": vida). Ello parece indicar la existencia de
una tradición remota que está en la base de todos estos mitos.
Una prueba de tal tradición remota la volvemos a encontrar en el
patronímico "Eva". Entre los habitantes de numerosas
islas de Oceanía (Samoa, Tahití, Nueva Zelanda) la primera
mujer era llamada Eevee (Ivi), el nombre polinesio para la
costilla (o para un hueso en general, en algunos casos). Y
recordemos que Eva fue creada a partir de la costilla de Adán.
El patronímico Noé es asimismo universal: lo encontramos,
ejerciendo el mismo papel de "único superviviente de un
gran Diluvio", en Hawai (Nu'u), en China (Nu Wa) y en la
India (MaNU).
En definitiva, las "homofonías" mencionadas (Edén,
Idún, Ida; Eva, Hebe, Ivi; Set; Noé, Nu'u, Nu Wa, Manu) no son
fruto del azar. Todas parecen convergir en tres ideas
principales: la Inmortalidad, el Diluvio y el Paraíso original.
No en vano, Mircea Eliade ve en "el retorno al
Paraíso" el motivo último de todas las simbologías.
¿Y qué decir del bíblico Yahvé? Al contrario de lo que se
piensa, éste no era un dios exclusivo de los hebreos (su
supuesto "pueblo elegido"), sino que lo encontramos, a
veces oculto tras un velo de fábula o de leyenda (es el caso del
Yao chino), en numerosos corpus mitológicos del mundo entero:
Yahvé (o Adonai), entre los hebreos.
Jove (más conocido como Júpiter), entre los romanos.
Yao (entre los chinos), mítico emperador durante los tiempos del
Diluvio.
Yu Di (otro nombre del "emperador del Jade" chino).
Io (entre los polinesios del Este, para referirse al Dios creador
que dio origen al mundo).
Yojo (dios supremo entre algunos polinesios).
Nótese que Yahvé ha sido abreviado repetidamente en formas como
Jah, Jao, Jaoth, Jaou, Jeuo o Ja, idénticas a su denominación
china. En la mitología china Yu Huang (también llamado Yu Di
[¿Deus, Theos?]) es el llamado "emperador del Jade".
Se le puede considerar el gobernante supremo del Cielo [Tian, o
T'ien], que en la forma de Tian Di personifica asimismo al Dios
supremo.
Nuevamente, las distintas variantes de la raíz griega
"THEOS" (Dios) vuelven a ser una constante en la
mitología universal:
Griego - Theos
Latín - Deus
Germano - Teiwa, o Tiwaz (antiguo nombre de Odín)
Sánscrito - Dewan
Aymará - Tia
Nahuatl - Teotl
Dialecto orinoco - Theos
Chino - Tien
Malayo - Tuan
¿Y qué es YHVH [Yahvé]?
Los teólogos no dudarían en contestar: YHVH es Dios, "El
que es": en hebreo "YAH Hoveh" ("Yahvé
es"). Su nombre es tan sagrado que habitualmente es
sustituido por otro: ADNI, es decir, Adonai (el Señor).
Sin embargo, nada indica que YHVH (con las letras Yod, He, Vau y
He) se pronuncie Yahvé, ni aun menos Jehová, como es costumbre
hacerlo en el mundo occidental. De hecho, dado que en hebreo no
se escriben las vocales (excepto por una serie de trazos y
puntos), su pronunciación exacta es desconocida, como indica el
salmo 91: "Ya que se ha hecho tan mío, lo salvaré / lo
protegeré porque conoce mi nombre".
De acuerdo con Maimónides, el verdadero nombre de YHVH era tan
secreto que sólo podía ser pronunciado por el sumo sacerdote,
en el sancta sanctorum del templo de Jerusalén, una vez al año,
y con la condición de que se encontrase completamente solo y
hablase en voz baja.
Se han propuesto multitud de versiones del Tetragammaton:
YHVH YHWH Yahweh Yahveh Yaveh Yaweh Jehova Hehovah Jahova Jahovah
Yahova Yahovah Jahowa Jahowah Yahavah Jahavah Yahowe Yahoweh
Jahaveh Jahaweh Yahaveh Yahaweh Jahuweh Yahuweh Jahuwah Yahuwah
Yahuah Yah Jah Yahu Yahoo Jahu Yahvah Jahvah Jahve Jahveh Yahve
Yahwe Yawhu Iahu Iahou Iahoo Iahueh
¿Cuál de estas opciones sería la correcta? Evidentemente, esto
es un punto sujeto a la especulación. Pero no es descartable que
YHVH pudiera ser la expresión hebrea del topónimo JAVA (Yava):
es decir: Yahvah, o Jahvah. Así tendríamos:
Javán (entre los hebreos), o Ión (entre los griegos), para
referirse al epónimo griego.
Yavana (en sánscrito), para referirse a los griegos.
Yevus (entre los cananeos), para referirse a Jerusalén antes de
David. Nótese el siguiente párrafo bíblico (Baruc 4:30):
"Buen ánimo, ¡oh Jerusalén!, pues te consuela aquel que
te dio nombre" (es decir: Yahvé).
Java (tal vez del sánscrito "mijo", o
"cebada"), para referirse a la isla homónima de
Indonesia (Javadvipa).
Como podemos ver, "Yava" (o "Yahvah") podría
estar detrás de un buen número de gentilicios y de topónimos
de todo el mundo. Pero, ¿cuál podría ser el origen de este
nombre?
Algunos estudiosos ligan el tretragammaton (YHVH) a un antiguo
dios de los volcanes, Jahú, que hallaríamos en la expresión
"Hallelujah" (alabemos a Jah), e incluso en el mismo
nombre de Jesús: Yahu'shuah (también pronunciado Yehoshua, o
Yeshua). Yahú fue venerado especialmente entre los judíos de la
colonia hebrea de Elefantina (Egipto).
Según esta interpretación, Yahvé sería la deidad local de un
volcán en el monte Sinaí que, en su día, pasó a ser el dios
de Israel. Tal vez esta imagen del dios-volcán haya sobrevivido
en la siguiente imagen de la Biblia:
"Partieron, pues, de Socot, y acamparon en Etam, que está
en la extremidad del desierto. E iba el Señor delante para
mostrarles el camino, de día en una columna de nube, y por la
noche en una columna de fuego, sirviéndoles de guía en el
viaje, día y noche" (Éxodo 17:20-21).
Entre los entendidos hay un enconado debate acerca de la
localización del Monte Sinaí/Horeb: ¿se hallaba éste en la
península del Sinaí, o bien en el noroeste de Arabia (en la
tierra de Madián)? Su descripción como un volcán ha dejado
perplejos a muchos especialistas. Sin embargo, esta poderosa
imagen tectónica, alternativa al Dios tonante (atmosférico)
generalmente aceptado, podría tener fácil explicación si
consideramos que tiene un origen muy lejano en el tiempo y en el
espacio: el Sudeste de Asia, hace al menos diez mil años.
No en vano, en la isla melanesia de Tanna (Vanuatu) encontramos
la leyenda de Yasur (literalmente "Dios"). Yasur es un
volcán, y al mismo tiempo una divinidad creadora, de una
fabulosa antigüedad. ¿Podría representar este Yasur al dios de
los volcanes de la tradición hebrea? Significativamente, tanto
Tanna como Yasur son términos de uso común en Israel:
"tana" significa "cantar, alabar" en lengua
hebrea, y Yasur es un gentilicio muy usual en esa lengua (y un
distrito de Gaza).
Y si estas evidencias no fueran suficientes, nótese el siguiente
párrafo de la novela "Moby Dick", de Herman Melville
(capítulo 16): "Queequeg [el amigo neozelandés del
protagonista, Ismael] me dio a entender entonces que él había
estado consultando con diligencia a Yojo, el nombre de su
pequeño ídolo negro". ¿Sería este Yojo la denominación
polinesia del Yahú hebreo, también llamado Ío?
Nuevamente comprobamos la asociación entre la montaña, la
divinidad, y los volcanes.
La imagen de la "montaña sagrada", asociada a un
volcán en erupción, podría haber pervivido en el folclore
universal bajo el rito de la quema de una hoguera en días
señalados (por ejemplo, en la víspera San Juan). En numerosos
puntos de Europa se enciende una hoguera en la cima de una
montaña, y se deja caer por la ladera una rueda de paja ardiendo
(James Frazer, "The Golden Bough"). Este autor es de la
opinión de que la caída de la rueda de paja simboliza el curso
del Sol en el cielo, pero sería más fácil pensar que dicha
costumbre alude a coladas de lava descendiendo por las laderas de
un volcán en erupción.
¿Podría representar el Querubín con la espada llameante que
defiende el Jardín del Edén un volcán en erupción? Según la
Midrash "... La espada llameante [que guarda el Jardín del
Edén], retorciéndose día y noche, nunca descansa y devora toda
la hierba, y todo lo que se aproxima a una milla de su muro
exterior [el del Jardín del Edén]" Es ocioso decir que
dicha "espada llameante" se trataría en realidad de un
volcán en erupción.
Nótese asimismo la descripción bíblica del monte Sinaí
(Éxodo 19:16-18):
"Ya que era venido el día tercero y rayaba el alba, de
repente principiaron a oírse truenos y a verse relámpagos, y
cubríose el monte de una densísima nube, y el sonido de la
bocina resonaba con grandísimo estruendo, y tembló todo el
pueblo, que estaba en el campamento... Todo el monte Sinaí
estaba humeando, por haber descendido a él el Señor entre
llamas: subía el humo de él como de un horno, y todo el monte
causaba espanto".
En el mundo antiguo era muy común la adoración de dioses
relacionados con fenómenos atmosféricos, accidentes
geográficos y objetos celestes. Éste era un fenómeno
universal: por ejemplo, hay quien afirma que la raíz semita El
(fenicio Eliun, hebreo El, arameo Eli) sería la misma que la del
Helios (Sol) griego. Y recordemos la asociación del culto solar
a la veneración del dios supremo (del tipo que sea: celeste,
tonante, monoteísta, etc.) Significativamente, la palabra
española "día" comparte la misma raíz del título
"dios".
Este tipo de cultos daba una moción "étnica" o
"nacional" a las religiones primitivas. Por este motivo
no es nada sorprendente pensar que el culto de YHVH (el dios
supremo judío) pudiera ser inicialmente el culto a la montaña
sagrada.
El mismo nombre de Dios en la Biblia nos lleva a pensar que YHVH
no es más que la montaña sagrada de los ancestros de los
judíos. La tradición habla de Dios (YHVH) como del Altísimo
(El elyon), así como del Todopoderoso. El origen de esta
expresión es la traducción errónea de la denominación de Dios
"El sadday". Esta expresión aramea procede del acadio
"sadu" (monte) y sugiere que "El sadday" es
una deidad de la montaña. Sin embargo, la traducción hebrea es
"Todopoderoso", que no es más que una derivación de
su acepción originaria.
(Un ejemplo gráfico de lo que digo es el mismo símbolo del
yahvismo hebreo: el ojo [el disco solar] inscrito en el
triángulo [la montaña].)
No olvidemos que el culto a la montaña sagrada, en el caso de
los hebreos, se "intelectualiza" con el paso de los
siglos, de manera que de ser un culto a un objeto físico, se
convierte en el culto a un ente inmaterial.
La gran antigüedad del Dios YHVH la podemos deducir de otro de
sus calificativos: "El olam". Esta expresión significa
literalmente "Dios del tiempo antiguo" o "Dios de
la eternidad". De lo cual podemos inferir que la existencia
del culto a la montaña sagrada podría tener origen ancestral.
¿Cuál sería éste? Léase el siguiente párrafo (Habacuc 3:3):
"Dios vendrá de Temán, y el santo del monte Farán. Su
gloria cubrió los cielos, y la tierra está llena de sus
alabanzas".
(Isaías identifica en el párrafo 43, versículo 3, ambas
figuras retóricas: "Porque yo soy el Señor Dios tuyo, el
santo de Israel, tu Salvador".)
TEMÁN era un enclave del sur de Idumea (posiblemente Tawilan, en
la antigua Edom), llamado "la tierra de los hijos del
Este". Estaba dividida por los montes de PARÁN y por la
llanura de Araba. ¿Es posible encontrar, en la actualidad,
algún topónimo con dicha raíz?
Si observamos el Tesauro Getty de Nombres Geográficos (tal vez
uno de los más completos del mundo), comprobaremos que en la
actualidad sólo cabe encontrar cuatro emplazamientos con la
raíz TEMAN. El primero se halla en Virginia (Estados Unidos), y
lo podemos descartar por su asociación con los puritanos
norteamericanos. Pero veamos los otros tres:
TEMANgan Baharu (Malasia Occidental).
TEMANgga (Borneo).
TEMANggung (Java).
(En indonesio "gunung" significa "montaña".)
Obviamente, todos ellos se localizan en el Sudeste Asiático. Y
cerca de TEMANGUNG (JAVA) encontramos la isla de PARANG (¿el
PARÁN bíblico?). ¿Estaría el topónimo JAVA detrás del
nombre del dios de los hebreos, Yahvé? Y sobre todo, ¿existen
otras referencias al posible lugar de origen de Yahvé: Temán?
Recordemos que el lugar de origen de los dioses aztecas era
llamado Tamoanchán, el paraíso terrestre en el que los dioses
decidieron poblar el mundo tras el Diluvio que puso fin al Cuarto
Sol. ¿Tendría este Tamoanchán algo que ver con el Temán
hebreo?. En los dos casos encontramos el origen ancestral del
dios principal (o único) de sus respectivas mitologías
(Quetzalcoatl y Yahvé, respectivamente). Temán y Tamoanchán;
dos "lugares de emergencia" con un motivo común: un
Éxodo.
Así pues, consideramos demostrado que no sólo el concepto de
divinidad expresado por el dios hebreo Yahvé, sino incluso este
mismo nombre, son un motivo generalizado en la mitología
universal.