Enigmas históricos sin resolver
BARBUDOS EN
AMÉRICA
Son abundantes las obras artísticas de culturas precolombinas en
las que aparecen personajes barbudos con rasgos caucasoides. En
el Dresden Codex maya simbolizan dioses de la buena fortuna, y
acompañan una figura con piel escamada que, en otro contexto, se
diría que es un dragón chino; el dios andrógino azteca
Ometecuchtli, principio supremo del Universo, al igual que el
Zeus griego, el El cananeo, o el Yahvé hebreo, es representado
convencionalmente como una figura barbuda; la escultura olmeca
conocida como "El luchador" nos deja ver a un individuo
con nariz aquilina, ojos semirasgados y barba de chivo
(caracterizado como "tío Sam" por los arqueólogos
norteamericanos), etc.
Estos personajes barbudos los encontramos asimismo en los relatos
mitológicos. Según Bernardino de Sahagún, la estatua de
Quetzalcoatl en Tula mostraba a un hombre muy feo, barbudo y con
cara alargada; como el cananeo Baal, era representado con un
gorro cónico encima de su cabeza (llamado "copilli").
Los sacerdotes aztecas creían que a su retorno aparecería como
un hombre alto y viejo, con cara blanca, barba negra, larga capa
y portando joyas (éste es el atuendo que usó Hernán Cortés a
su entrada en México, para impresionar al clero mexica).
Por su parte, los incas representaban a su dios creador,
Viracocha, como un hombre viejo y barbudo. Los españoles que
vieron su estatua en Cuzco lo describen como un personaje de tez
pálida, barbudo, con una larga túnica. Según la leyenda, desde
el lago Titicaca Viracocha difundió la civilización al mundo;
allí fue confundido con el dios/héroe Thunupa Viracocha, un
hombre con larga barba gris, que hacía milagros y predicaba un
alto mensaje moral (se oponía a la guerra, a la embriaguez, y a
la poligamia). A este último personaje (en ocasiones una
personificación de Viracocha, y en otros casos uno de sus
asistentes) se le llama también Tonapa, descrito como un héroe
civilizador que llegó del Norte con cinco seguidores. Era
descrito como un hombre con aspecto sobrecogedor, con una larga
barba y ojos azules; su símbolo, curiosamente, era una cruz.
Pero aunque pueda parecer que detrás de estos mitos puede
existir una contaminación cristiana, no cabe ninguna duda de que
son anteriores a la llegada de Colón a América.
¿Qué evidencia tenemos de ello? La misma mitología
precolombina. Por regla general, los dioses barbudos tenían
carácter civilizador. Según Sahagún, los seguidores de
Quetzalcoatl eran reputados artesanos del jade y expertos
metalúrgicos; Quetzatcoatl enseñó al pueblo a cultivar sus
alimentos, a tejer, y a medir el tiempo. Viracocha enseñó a los
humanos las artes de la Civilización (la agricultura, la
música, las artes), y los rudimentos de la moral.
No cabe descartar que ambos héroes civilizadores se traten
efectivamente de un único mito, proveniente de una misma fuente,
y elaborado de forma independiente en ambas culturas. Una prueba
de ello la tenemos en las numerosas coincidecias de ambas
tradiciones por lo que se refiere al relato del origen mítico
del maíz:
En la mitología azteca, de acuerdo con los Anales de
Cuauhtitlán, tras la cración del Quinto Sol y de los seres
humanos, Quetzalcoat extrajo las primeras espigas de maíz del
interior de una montaña, llamada Tonacatepetl. En la mitología
incaica, Manco Capac (ancestro del pueblo inca) obtuvo el maíz
del interior de una montaña, llamada Tambo Toco. Es decir, en
ambas tradiciones se hace referencia a un motivo común: el maíz
fue hallado por el héroe civilizador en el interior de una
montaña.
Pero ésta no es la única coincidencia entre las dos
mitologías: al igual que los aztecas, los incas hablan de cinco
edades desde la creación del mundo; su pueblo emergió de unas
cuevas (situadas en la montaña Tambo Toco, equivalente al
Chicomoztoc azteca), a instancias del dios solar Viracocha
(equivalente al Huitzilopchtli azteca); y tras un prolongado
éxodo, llegaron a una tierra prometida (el Cuzco inca,
equivalente al Tenochtitlán azteca). Al igual que el dios azteca
Quetzalcoatl, el inca Viracocha abandonó el mundo en un barco, y
el pueblo continúa esperando su retorno.
En definitiva, tal cantidad de similitudes demostraría el
carácter extremadamente arcaico del mito. Sería tan antiguo
como para estar en la base de los corpus mitológicos de toda la
América precolombina. ¿Pero cuál sería el punto de origen de
esta "sopa mítica"?
Hasta hace poco, se consideraba que la cuenca del Amazonas se
trataba de un desierto arqueológico, pero recientemente se han
encontrado, en las desembocaduras de los ríos Orinoco y
Amazonas, los restos cerámicos más antiguos de todo el
continente: datados en el 4000 aC. en Guyana y en el 3000 aC. en
la boca del Amazonas. Estos restos serían anteriores en al menos
dos milenios a los primeros ejemplares del Perú o de
Mesoamérica. ¿Cuál sería el origen de esta protocultura
americana?
En 1956 el empresario ecuatoriano Emilio Estrada localizó en
Valdivia (Ecuador) más de 36.000 vasijas con entre 3.500 y 4.000
años de antigüedad. Significativamente, esta cerámica tiene
abundantes similitudes con el estilo Jomon del Japón: según
expertos de la institución Smithsonian de Washington, 24 de las
28 características del patrón predominante en la cerámica de
Valdiva son idénticas al estilo Jomon. ¿Probaría ello la
existencia de una remota conexión transpacífica entre el Este
de Asia y América? ¿Tendrían los "barbudos", que
supuestamente estarían en el origen de la civilización en
América, un origen remoto en Asia?
La evidencia arqueológica así parece atestiguarlo. En 1996 se
halló, en el estado norteamericano de Washington, el cráneo
dolicocefálico de un hombre previsiblemente caucasoide, grácil,
y con una altura de 170 a 176 centímetros. Su nombre:
"hombre de Kennewick".
El "hombre de Kennewick" está datado entre el 7600 y
el 7300 aC. Por lo visto, tenía incrustado un proyectil de un
tipo común en la zona entre el 8500 y el 4500 aP. Pero lo más
significativo de todo es que sus características dentales son
del tipo SUNDADONT, es decir, propias del Sudeste de Asia, lo que
contrasta con los rasgos dentales SINODONT (propios de China)
predominantes en el área. Los expertos aseguran que este
especimen humano tiene rasgos que lo asemejan más a los
polinesios o a los japoneses "ainu" que a los nativos
norteamericanos. ¿Podría formar parte, dicho "hombre de
Kennewick", de los barbudos a los que tan machaconamente se
refiere la tradición americana? No lo sabemos, pero ahora no
cabe ninguna duda de que América, en algún momento de sus -tal
vez- 40.000 años de Historia, estuvo habitada por el hombre
blanco.
No sólo eso. Los registros arqueológicos olmecas asocian con
profusión al hombre blanco con una raza de hombres negros de
poca estatura. En numerosas ocasiones se ha hecho notar el
carácter foráneo de los personajes que aparecen en las cabezas
gigantes (con su característico gorro ¿de jugador de pelota?)
de la cultura olmeca, datadas entre el 1200 y el 900 aC. Sus
características "negroides" parecen ciertamente
singulares en el entorno mesoamericano, en fechas tan tempranas.
Hay quien ha vinculado a estas figuras con la raza de
"negritos" existente en el Sudeste de Asia (entre
Malasia y Filipinas).
Hay representaciones en los que barbudos y negritos aparecen
"codo a codo", en una relación de igualdad. Por
ejemplo, en la cueva de Juxtlahuaca, cerca de Chilpancingo
(estado de Guerrero, México), encontramos unas pinturas
rupestres con la siguiente escena: un jefe majestuoso tiene barba
negra y un tocado de plumas de quetzal; en su mano derecha porta
una vara, dirigida hacia otro personaje barbudo, pero con cabeza
negra y cuerpo rojo. ¿Encontraríamos representados aquí a los
razas dominantes en la zona: la caucasoide y la negroide? ¿Hemos
de asumir que, por su parte, la población nativa mesoamericana
estaría sumida en una situación de inferioridad social?
No lo sabemos, pero lo cierto es que los principales centros
urbanos de la cultura olmeca (La Venta y San Lorenzo) fueron
destruidos a conciencia por lo que pudo ser una revolución, y en
San Lorenzo, 24 de sus 40 esculturas fueron deliberadamente
mutiladas. Ello pudo ocurrir en el período que se denomina
Preclásico Medio. Y, curiosamente, sobre estas mismas fechas
fueron esculpidas las llamadas "estelas de los
danzantes" en Monte Albán: 150 relieves de figuras, con
rasgos negroides y caucasoides (barbudos), que han sido
probablemente ajusticiados, y que aparecen (desnudos) con
posturas grotescas, y con sus órganos genitales emasculados.
¿Podrían ser estos "danzantes" los cabecillas de una
élite foránea que, de un modo u otro, lideraba una sociedad en
la que la población amerindia tenía un rol secundario?
Nuevamente, existen evidencias que probarían esta presunción.
Según Garcilaso de la Vega, los incas hablarían una lengua
diferente a la predominante en la zona (el quechua). Algunos han
identificado dicha lengua con el aymara de Bolivia, pero ello no
está claro. Por lo que se refiere a la cultura maya, el
carácter foráneo de su élite parece todavía más evidente.
Nótese la diferencia entre los dos calendarios en uso en dicha
cultura:
En el "calendario ritual" maya (llamado
"Tolzkin") encontramos términos con cierto sabor
semita (entre paréntesis, un homófono semita): Ik (Ikhlas),
Imix (Immanuel), Akbal (Akka), Kan (Kanah), Manik (Manahath),
Lamat (Lamech), Muluc (Moloch), Oc (Ochran), Eb (Ebal, Eber), Ben
(Benjamin, Beni Israel), Ix (Hizkiah), Men (Menora), Caban
(Cabala), Esnab (Esek, Abner), Ahau (Ahab), etc. Nótese asimismo
los llamados textos religiosos de Chilam Balam (¿el Balaam
bíblico?)
Compárese con su llamado "calendario solar" (con el
nombre de "Haab"): Pop, Uo, Zip, Zotz, Tzec, Xul,
Yaxkin, Mol, Chen, Yax, Zac, Ceh, Mac, Kankin, Muan, Pax, Kayab,
Cumku y Uayeb. ¿Nos encontraríamos ante dos lenguas diferentes,
una de carácter religioso y otra de uso profano? Tal cosa es lo
que sucedió en Mesopotamia tras la conquista acadia de Sumeria
(el sumerio era la lengua religiosa, y el acadio la lengua
profana), o en la Europa medieval (el latín era la lengua
religiosa). En ambos casos, dichas "lenguas de culto"
(el sumerio y el latín) se tratarían de reliquias del pasado.
También en las costumbres funerarias encontramos indicios que
apuntan a la existencia de dos estamentos: el de la élite
foránea, y el del pueblo común: entre los mayas era común que
la aristocracia fuera incinerada, y sus cenizas depositadas en
urnas; en contraste con la práctica funeraria entre el pueblo
llano, que era inhumado debajo del suelo de su residencia, o
detrás de las casas.
En definitiva, estamos convencidos de que la repetida alusión
mítica a la casta de los "barbudos" (y también, la de
los "negritos") se ajusta a la realidad histórica. Los
"barbudos" serían probablemente los "héroes
civilizadores" que introdujeron en América el culto a la
Montaña Sagrada, así como otros rasgos de la tradición
mitológica del Viejo Mundo (los mitos del Diluvio, del Éxodo,
de la Torre de Babel, de los gigantes, etc.) que encontramos
repetidos en la mayor parte de las civilizaciones históricas del
supercontinente euroasiático.
Los "barbudos" habrían regido en una civilización
protohistórica que, en un determinado momento, fue derrocada.
Dicha élite habría sido exterminada, aunque no es de descartar
que su sangre se hubiese mezclado con la de la población
predominante en la zona. Sus restos (a excepción del
"hombre de Kennewick" antes de reseñado) habrían
desaparecido como consecuencia de la extrema humedad de las
áreas donde se enclavan la cultura olmeca y maya, o bien porque
al practicar el rito de la cremación sencillamente no se
hubiesen conservado.
Y como hemos visto, el origen de esta protocivilización de los
barbudos habría que buscarlo en áreas hasta el momento poco
investigadas: la cuenca del Amazonas y la costa ecuatorial del
Pacífico. Aún queda mucho por descubrir sobre el origen de la
civilización en América.