Enigmas históricos sin resolver

¿Indicios de un antiquísimo comercio transpacífico?

Es norma común afirmar que productos como el maíz, el tabaco, el tomate, la calabaza, el boniato y la patata tienen origen en América, y no llegaron a Europa antes de su "descubrimiento" por Cristobal Colón, en 1492. En este artículo pretendemos demostrar que esta afirmación es, cuanto menos dudosa, y con ello, la "sabiduría convencional" en torno a los "orígenes de la Civilización" ha de ser puesta en cuarentena.
Comenzaré hablando del maíz. ¿Existen evidencias de su presencia en el Viejo Mundo, antes del descubrimiento de América? Así parece confirmarlo el hallazgo, en templos de los siglos XII y XIII, en Hoysala (cerca de Mysore, sur de la India), de más de 63 figuras esculpidas que supuestamente sostendrían mazorcas de maíz (a tamaño natural) finamente talladas, todas diferentes entre sí. Algunos expertos niegan esta posibilidad, y aseguran que dichas supuestas mazorcas de maíz serían en realidad ornamentos cubiertos de cuentas.
Hay quien asegura que el mismo nombre del maíz podría tener origen asiático. Según Kumar y Sachan, Ashraf (1990) argumenta que en el Vishnu Purana, y en el Apasthamba Saruta Sutra, antiguos textos religiosos indios escritos en sánscrito, el maíz aparece mencionado como "markataka". Su derivación posterior, desde la raíz sánscrita "maka", pasando por la palabra azteca "maza" (puré de maíz), hasta el actual "maíz", parece bastante convincente. (Las palabras castellanas "mazacote" y "mazapán" podrían tener este origen.)
Alfred Wallace efectuó entre 1854 y 1862 un célebre viaje a las llamadas Indias Orientales, que inmortalizó en su libro "The Malay Archipielago". En él hace mención repetidas veces al cultivo del maíz. En el siguiente párrafo afirma que este cereal estaba asentado en el Sudeste de Asia desde tiempos antiguos. Hablando de la isla de Timor, asegura:
"El arroz crece bien en las marismas que a menudo bordean la costa, y el maíz prospera en todas las tierras bajas, siendo el alimento más común entre los nativos, al igual que cuando Dampier visitó la isla en 1699".
La literatura especializada, ya desde el siglo XVI, ha barajado la teoría del origen no americano del maíz. Por ejemplo, Leonard Fuchs (en "De Historia Stirpium Comentarii", 1542) asegura que éste proviene de Asia. (Nótese que, según Pius Font i Quer, se afirma que el maíz alcanzó España hacia 1520. Su primera representación gráfica es del mismo Leonard Fuchs.) No todos los botánicos de la época estaban de acuerdo. Por ejemplo, Mattioli (1548) afirma lo siguiente: "Entre los géneros de trigo, también puede contarse aquella casta de grano que llaman turco. Pero no se debe decir turco, sino índico, porque por primera vez nos vino de las Indias Occidentales, no de Turquía y Asia, como cree Fuchs" (citado por Font i Quer, "El Dioscórides Renovado").
En esta disputa, el español Andrés de Laguna ("Pedacio Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos", 1570) se sitúa del lado de Fuchs. Nótese lo que dice Font i Quer a este respecto:
"Dioscórides no pudo conocer el maíz, ni figura por consiguiente en sus escritos, pero Laguna en los comentarios al capítulo 88 del libro II se expresa así: 'Hállase a cada paso una suerte de mijo llamado turquesco que produce unas cañas muy grandes, y en ellas ciertas mazorcas llenas de muchos granos amarillos o rojos, y tamaños como garbanzos, de los cuales, molidos, hace pan la ínfima gente, y éste es el maíz de las Indias, por donde méritamente (añade Laguna), le llamó milium indicum Plinio'. El milium indicum [de Plinio] no pudo ser en modo alguno el maíz americano; pero la figura de Laguna [extraída del Dioscórides de Gualtherus Ryffi, publicado en 1544] corresponde efectivamente al maíz".
No cabe duda de que el español Andrés de Laguna se refiere en su descripción al maíz por todos conocido (de procedencia americana). Pero, ¿es cierto que Plinio el Viejo se refirió realmente a esta planta? En su Historia Naturalis, Libro XVIII, párrafo X, este naturalista romano dice así:
"En los últimos diez años ha sido introducido en Italia, procedente de la India, un tipo de mijo que tiene color negro, con un grano grande y con un tallo como el de una caña. Crece hasta siete pies de altura, con pelos muy grandes -son llamados la crin-, siendo el tipo de cereal más prolífico... Se cultiva en terrenos húmedos".
Para que no exista margen para la duda, transcribo asimismo el original en latín:
"milium intra hos X annos ex India in Italiam invectum es nigrum colore, amplum grano, harundineum culmo, adolescit ad pedes altitudine VII, praegrandibus comis -iuvas vocant- omnium frugum fertilissimum: ex uno grano sextarii terni gignuntur. seri debet in umidis".
Efectivamente, el maíz tiene un aspecto exterior similar al del mijo; tiene un grano grande; el tallo se parece al de una caña (aunque es simple, sin ramificar), puede llegar a los siete pies de altura (más de dos metros), y en ocasiones los rebasa; tiene unos filamentos alargados (las flores femeninas, situadas en la mazorca), que alcanzan los 20 centímetros, en forma de barba o cabellera (¿o crin?); produce un grano abundante, y se cría en terrenos húmedos.
Ante tal cúmulo de coincidencias, no es extraño que el español Andrés de Laguna identificara el supuesto mijo procedente de la India (milium indicum), al que hace referencia Plinio, con el maíz que todos conocemos.
No obstante, cabe preguntarse lo siguiente: si fuera verdad que los romanos conocían, e incluso cultivaban, el maíz, ¿cómo es que no ha perdurado hasta el día de hoy en el Viejo Continente? Quizás la planta a la que se refiere Plinio no sea el maíz, sino otra especie que desconocemos. O tal vez, simplemente, esta gramínea se dejó de cultivar ya en tiempos antiguos, siendo sustituida por otra (por ejemplo, el arroz), más productiva o más resistente a las plagas. El lector es libre de sacar sus propias conclusiones a partir de los materiales que le hemos presentado.
Nótese sin embargo la denominación popular del maíz. En castellano: maíz de Indias, mijo turquesco, trigo de Turquía; en portugués y gallego: milho de Turquia; en catalán: blat de moro... Como afirma Font i Quer, estos nombres (alusivos a Turquía y a las Indias Orientales) podrían hacer referencia a su carácter exótico, asimilado a unas "tierras lejanas". Sin embargo, significativamente, el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller denominaba en 1507 a la Península Malaya (es decir, a las Indias Orientales) como Regnum Turc: un elemento más que invita a la reflexión.
Independientemente de que algún día se demuestre (o no) el origen no americano del maíz, no cabe duda de que en América esta planta experimentó un proceso autónomo de "domesticación", como resulta evidente si comparamos las primeras mazorcas que se conservan (en torno al VI milenio aC.), las cuales producían únicamente de 6 a 9 granos, con las comunes en tiempos de la conquista española. (Según Michael D. Coe, se habrían encontrado restos de polen de maíz salvaje con ochenta mil años de antigüedad en el Valle de México.)
En el caso del tabaco, disponemos de evidencias -que prueban su cultivo inveterado en el Viejo Mundo- si cabe más convincentes: su presencia física en momias del Antiguo Egipto.
El 16 de septiembre de 1976 los restos momificados del faraón Ramsés II fueron trasladados a París. Un equipo científico dirigido por la Dra. Michelle Lescot, del Museo de Historia Natural de esa ciudad, pretendía reparar los daños sufridos por la momia. Para su sorpresa, entre las vendas, encontró un fragmento vegetal que, una vez analizado con el microscopio, resultó ser un resto de tabaco. Temiendo haber cometido algún error, Michelle Lescot volvió a repetir los análisis. Las resultados eran incuestionables: una planta del Nuevo Mundo había sido encontrada en una momia del Viejo Mundo.
Ante la sugerencia, por parte de algunos arqueólogos, de que tales fragmentos vegetales podrían proceder de algún manipulador poco cuidadoso (por supuesto, adicto al tabaco), la Dra. Lescot extrajo nuevas muestras de la momia, esta vez del mismo abdomen de Ramsés II. Nuevamente, encontró restos de tabaco: definitivamente, la momia no había sido "contaminada" durante su proceso de manipulación.
En 1992, la toxicóloga Svetla Balabanova, del Instituto de Medicina Forense de Ulm (Alemania), analizó los restos momificados de Henut-Tawy (Señora de las Dos Tierras), así como otras seis momias egipcias. Esta vez no sólo encontró nicotina, sino también cocaína y haschís. Tras publicar sus resultados en un artículo titulado "Primera Identificación de Drogas en Momias Egipcias" (Naturwissenschaften 79, 358 (1992) Springer-Verlag 1992), recayó sobre ella una avalancha de mensajes desacreditándola y acusándola de fraude.
Más adelante, Rosalie David, del Manchester Museum, analizó muestras de cabello de momias de su propio museo (esta prueba es considerada "invulnerable a contaminaciones"). Nuevamente, estas momias tenían restos de tabaco. La Dra. Balabanova repitió su experimento con 134 cuerpos del antiguo Sudán: una tercera parte de ellos tenían trazas de cocaína y de nicotina. Con los años, se han analizado miles de restos humanos provenientes de África, Asia y Europa, y un buen número de ellos contenían restos de cocaína o nicotina.
Significativamente, los niveles de nicotina hallados en las momias egipcias son tan altos, que habrían resultado necesariamente fatales para la persona que los hubiera ingerido. Por ello se ha sugerido que la nicotina, así como el resto de estas drogas, podría haber sido usada en el proceso de momificación. De hecho, el tabaco es conocido por sus propiedades antibacteriales e insecticidas, lo cual sería de gran ayuda para la preservación del cuerpo.
Los egiptólogos conservadores han replicado: si es verdad que los egipcios empleaban tales substancias para momificar sus muertos, ¿por qué no lo especificaron en sus papiros de medicina o magia? Lo cierto es que, según los entendidos, hay una docena de sustancias empleadas por los sacerdotes y médicos egipcios que no han sido identificadas.
¿De qué forma los egipcios se aprovisionaban de tal tipo de drogas? La nicotina no se encuentra sólo en el tabaco, sino también en otras plantas de diversas partes del mundo. Pero únicamente el tabaco tiene niveles importantes de esta sustancia. Y como es bien sabido, el tabaco es nativo de América.
La explicación más difundida entre los historiadores críticos alude al fenómeno que anteriormente denominé como "navegacionismo": entre las civilizaciones antiguas del Viejo y el Nuevo Mundo habrían existido contactos más o menos regulares, con carácter comercial, que explicarían las más que notables coincidencias en la arquitectura, la religión, la mitología y el simbolismo de ambos lados del Atlántico (o del Pacífico, según se mire).
En su lugar es más fácil pensar que la fuente de tales mercancías (recordemos: la coca y el tabaco) se hallase no en América, sino en el Extremo Oriente. Es bien sabido que la llamada "Ruta de la Seda", desde China hasta el Mediterráneo, es varias veces milenaria, como el hallazgo de las momias del Tarim parece indicar. ¿Existen pruebas históricas de que productos hasta el momento considerados como nativos de América, como el tabaco, pudieran haberse cultivado desde tiempo inmemorial (ciertamente, antes del "descubrimiento" de América por Colón) en algún lugar de Asia Oriental o de Oceanía? Una vez más, la respuesta a esta pregunta es positiva.
Alfred Wallace en su obra "The Malay Archipielago" representa una pipa para fumar tabaco. Ello no tendría nada de excepcional si no fuera porque esta pipa era usada en Dorey (Nueva Guinea Papúa) a mediados del siglo XIX, cuando el naturalista Alfred Wallace visitó esas tierras. Éste afirma en su obra mencionada:
"Mientras conversaban, [los indígenas] fumaban tabaco cultivado por ellos mismos, en pipas talladas a partir de un único pedazo de madera, con un largo mango vertical".
Los nativos de Nueva Guinea no sólo tallaban las pipas con primor, sino también las cajas de tabaco:
"... Sus cajas de tabaco, y otros artículos domésticos, están tallados con un diseño elegante y no exento de sentido del gusto".
Podemos suponer que la introducción del tabaco en esas tierras pudo tener lugar en algún momento después del siglo XVI, con la llegada al Extremo Oriente de los primeros exploradores occidentales, pero el elaborado estilo y diseño artesanal de la pipa mostrada en dicha figura hace pensar de forma diferente: no cabe duda de que el tabaco, así como el maíz (véase más arriba), han sido cultivados en el Sudeste Asiático y en Melanesia desde tiempos inmemoriales.
(Una prueba de ello es que, a pesar del completo aislamiento, durante más de 40.000 años, de los "negritos" de las remotas islas Andamán, éstos fueron filmados por una expedición pionera norteamericana, en el año 1934, ¡fumando en pipa! Desde entonces hasta ahora sólo dos expediciones occidentales han entrado en contacto con dichos nativos, que viven todavía en la Edad de Piedra. ¿Hemos de pensar que los exploradores y comerciantes europeos lo hicieron mejor que las modernas expediciones científicas? Y en cualquier caso, ¿qué interés tendrían en enseñarles el "noble arte de fumar"? ¿Acaso podrían obtener provecho económico de ello?)
Carl Lumholtz hace mención en numerosas ocasiones del tabaco como de un producto de amplio uso en la isla de Borneo. No sólo eso: el tabaco forma parte del mito y de la tradición del país. El consumo de tabaco entra dentro de las costumbres funerarias:
"Al día siguiente estuve presente en las exequias de la mujer difunta. En la larga galería había hombres sentados en dos largas filas, encaradas entre sí, fumando su tabaco nativo (de tono verdoso) en grandes cigarrillos, cuyos envoltorios eran obtenidos a partir de grandes hojas de dos especies de árbol" ("Through Central Borneo").
Entre los penyahbong "[al difunto] se le pone tabaco en su boca, y cuatro cigarrillos en su abdomen"; entre los katingan los contenedores de tabaco forman parte de las posesiones del fallecido que se entierran con él, junto con su cuchillo, su espada, su cerbatana y su caja de betel.
El tabaco no crece espontáneamente, sino que es cultivado (por ejemplo, entre los penyahbong). Su consumo no está reservado a los hombres: las mujeres fuman grandes cigarros con fruición (entre los kenyah). Y como ya hemos indicado, el tabaco aparece asimismo en el folkore de Borneo. Así, lo encontramos en los siguientes cuentos: "Mohaktahakam, que mató un antoh [un espíritu]" (Carl Lumholtz), entre los samputan; "Semang, el mal chico", entre los long-glat; y "Aventuras en búsqueda de la magia", asimismo entre los long-glat.
El carácter inveterado de su cultivo y su consumo en Extremo Oriente explicaría el hallazgo de nicotina en las momias egipcias: el tabaco formaría parte del conjunto de mercancías que, desde muy antiguo, habían sido transportadas a través de la Ruta de la Seda. Su lugar de origen cabría encontrarlo en las orillas del Índico y del Pacífico Occidental, no en América. No negamos que tanto el tabaco, como el maíz, pueden ser nativos de este último continente; pero desde allí pudieron llegar a las orillas del Extremo Oriente en tiempos muy remotos, por supuesto mucho antes del "descubrimiento" de América por Colón.
Una buena manera de demostrar esta afirmación sería echar una ojeada sobre los libros de viajes de algunos naturalistas del siglo XVIII y XIX, tales como Wallace, Lumholtz, Darwin o el capitán Cook. Alfred Wallace dice en "The Malay Archipielago", de su estancia en Nueva Guinea:
"Tenía la costumbre de buscar vegetales [para comer], y encontré un gran tesoro en unas plantas de tomate que crecían salvajes, y daban pequeños frutos del tamaño de 'gooseberries' [un tipo de grosellas]. También hervía las partes superiores de las calabazas...".
El tomate crece de forma espontánea en Perú, Ecuador, y en otras partes de América tropical, si bien su área de domesticación se cree que fue México ("tomate" deriva del nahuatl "tomatl"). En 1522 fue introducido en Europa por los españoles. Su color era probablemente amarillo-naranja; de ahí su nombre italiano: "manzana de oro". Los tomates fueron criados en Europa no como un alimento, sino como una planta ornamental, llamada por los franceses "pomme d'amour" (corrupción del italiano "pomo dei mori", es decir, "manzana de los moros"). No, en vano, como afirma Pius Font i Quer:
"En aquellas fechas, no sólo en la vecina Francia, sino también en Alemania, se creía que los tomates eran nocivos, que producían vómitos y diarreas incontenibles y mil calamidades más".
Según el español José Quer, en 1760 seguía siendo considerado, en el Norte de Europa, una planta venenosa. El tomate se empezó a consumir (sólo en salsa) a principios del siglo XIX en Inglaterra, aunque no fue cultivado masivamente hasta la década de los 1880. Según Font i Quer, en Alemania empezó a ser cultivado en la década de los 1870.
(La cabalabaza tiene asimismo origen americano. La encontramos en México en fechas tan tempranas como el 7000 aC.)
En definitiva, es altamente improbable que los holandeses, o los mercaderes de cualquier otro país, hubiesen introducido en Nueva Guinea un alimento, el tomate, del que hasta fechas muy tardías se pensaba que era tóxico, y se criaba únicamente por motivos ornamentales. Y nótese, asimismo, que en Nueva Guinea no era cultivado, sino que crecía espontáneamente.
Alfred Wallace alude no sólo al maíz, al tomate y a la calabaza, productos todos ellos con supuesto origen en América, sino también al boniato: lo encontramos en Lombock, en Ceram y en las islas Aru. Pero es el capitán Cook el más explícito en este sentido. Éste encuentra boniatos en Nueva Zelanda y la isla de Pascua. Bien es verdad que es común reconocer que el boniato es un producto cultivado en toda Polinesia. Pero no lo es tanto aceptar que no sólo el boniato, sino también la patata, formaba parte de la dieta de los polinesios antes de la llegada de los europeos.
James Cook alude en su diario al cultivo de patatas en Nueva Zelanda (primer viaje, 30 de Noviembre de 1769) y Hawai (tercer viaje, lunes 19 de Enero de 1778). Ningún pueblo europeo pudo haberlas introducido en estos archipiélagos, porque fue precisamente Cook el primer occidental que pisó tierra en Hawai (que él llamó "islas Sandwich") y en Nueva Zelanda.
Nuevamente, la "sabiduría convencional" parece ignorar una serie de evidencias que echarían por tierra las nociones tradicionales en torno al "origen de la civilización".
¿Qué pueblo introdujo el maíz, el tabaco, el tomate, la calabaza, el boniato y la patata en el Viejo Mundo? Tal vez nunca lo sabremos, pero sea como sea es indudable que su gesta (atravesar el Pacífico de lado a lado) debió producirse hace miles de años. Si no no se explica que en torno a productos como el maíz o el tabaco, exista una tradición y una artesanía perfectamente arraigada en las tierras del Sudeste Asiático.

VOLVER