Enigmas históricos sin resolver
Dataciones no tan claras
Mucho se ha hablado del
llamado "monumento de Yonaguni", en la isla homónima
de las islas Ryukyu, cerca de Taiwan. Esta supuesta estructura
piramidal, con un eje este-oeste, habría sido datada en fechas
anteriores al 8.000 aC. Sin embargo, existe un enconado debate
acerca de si se trataría de una mera rareza geológica, de un
"monumento" íntegramente construido por la mano del
hombre, o bien de una estructura natural modificada por el
hombre.
No es de este tema -todavía abierto al debate científico- del
que pretendemos hablar aquí, sino de otro enigma histórico no
menos reseñable: la verdadera datación de la Esfinge de Giza.
Generalmente se afirma que la Gran Esfinge de Giza fue tallada
durante el reinado del faraón Kefrén, hacia el 2.500 aC. Pero
recientes estudios realizados por el profesor Robert Schoch han
dejado entrever que esta presunción es sencillamente
insostenible. Según este eminente geólogo, dicha estructura
habría sido construida en diversas etapas, y su núcleo central
-que inicialmente no habría tenido la forma actual- habría que
datarlo entre, al menos, el 5000 y el 7000 aC.
El razonamiento es el siguiente: las paredes de la Esfinge
muestran unos efectos claros de escorrentía (erosión
caracterizada por unos perfiles ondulados) producto de fuertes
lluvias, no habituales en la meseta de Giza (con una precipitación
media de 25 mm. anuales, y en la que predomina la erosión eólica,
que se traduce en formas más angulares). Según Robert Schoch,
dicha escorrentía debió tener lugar en fechas muy anteriores a
las establecidas por las modernas dataciones. En concreto, sería
contemporánea del llamado "óptimo Holocénico", que
entre el 9.000 y el 4.000 aC. propició un incremento notable de
la precipitación, hasta el extremo de permitir la ocupación
humana en lo que actualmente es la zona más árida del Sahara:
el macizo del Tibesti.
Esta teoría es consistente con lo que sabemos acerca de la
arqueología del Norte de África. Es sabido que el lago Chad tenía,
hacia el 4000 aC., una extensión enormemente superior a la
actual (en torno a un millón de km. cuadrados; un tamaño dos
veces superior a la superficie de la España peninsular), con una
profundidad media de unos 60 m., frente a los 2 ó 3 metros
actuales. Unos frescos del Tassili, datados entre el 6000 y el
4000 aC., representan enormes rebaños de ganado doméstico
pastando en la zona. Nótese asimismo la presencia en el área de
una cerámica antiquísima (del 7.000 aC.), anterior a la
encontrada en el llamado Creciente Fértil. En definitiva, entre
el 9.000 y el 4.000 aC., en lo que actualmente es el desierto del
Sahara, existían las condiciones que habrían permitido
desarrollar las bases de una protocivilización que, por qué no,
podría estar detrás de la primera fase de la construcción del
"complejo de Giza".
Se cree que la Esfinge fue reparada, y modelada con su aspecto
actual, en algún momento de la época de las pirámides, pero en
ese tiempo su cuerpo central ya estaba profundamente erosionado.
Por otro lado, algunas investigaciones sísmicas realizadas
"in situ" han sacado a la luz la existencia de
cavidades o cámaras subterráneas. El profesor Schoch insinúa
la existencia de un antiguo templo que acompañaba a la Esfinge.
Frente a estos argumentos, los geólogos "ortodoxos"
han respondido con tres teorías alternativas que explicarían
las singularidades geológicas a las que hace referencia Robert
Schoch:
a) Una primera alude a la posibilidad de que fuertes y esporádicas
precipitaciones, aun incluso en el actual régimen de lluvias de
la zona, podrían explicar la erosión de la Esfinge.
b) Una segunda es que la exfoliación producto de la humedad del
aire, y de la disolución de sales en las grietas de la roca,
podría estar detrás de todo ello.
c) Una tercera alude a un fenómeno no demostrado
experimentalmente: la acción erosionadora de las aguas subterráneas,
absorbida por los poros de la roca por acción capilar.
Frente a estos razonamientos esgrimidos "ad hoc",
Schoch presenta dos formidables objeciones:
1) Si cualquiera de estas teorías fuera correcta, ello no
explicaría la erosión diferencial en las paredes de la Esfinge
(unas paredes están más erosionadas que otras), y de la Esfinge
respecto al resto de los monumentos del complejo de Giza (es el
único monumento con las citadas características de erosión, lo
que la convierte en un caso singular). Por poner un ejemplo, las
mastabas de la meseta de Saqqara, datadas hacia el 2800 aC. (es
decir, construidas anteriormente a la datación oficial del
complejo de Giza), no muestran en absoluto evidencias de un
desgaste similar al que presenta la Esfinge (lo que evidencia la
extrema sequedad del clima de la zona).
2) Aunque cualquiera de dichas teorías fuera correcta, existe
una circunstancia que la haría inaplicable: la Esfinge ha sido
protegida de la acción del viento y del agua, durante 3.100 de
sus supuestos 4.500 años de antigüedad, por las arenas del
desierto. No en vano, durante todo este largo período la Esfinge
ha estado enterrada, lo que implica que no ha pasado suficiente
tiempo a la intemperie como para que pudiera recibir la acción
erosionadora del agua o del viento.
Robert Schoch, a partir de la erosión diferencial entre la pared
oeste, y el resto de las caras de la Esfinge, ha estimado que ésta
debe tener una antigüedad de entre 7.000 y 9.000 años. Según
dicho autor, este cálculo es conservador, puesto que
generalmente la erosión tiene un comportamiento no lineal; así
pues, la Esfinge puede ser contemporánea, si no anterior, a los
primeros asentamientos de la cultura natufiense de Palestina,
considerada oficialmente el origen de la Edad de Piedra
Pulimentada (Neolítico).